Las proporciones del hombre
No importan los inviernos,
las heladas y los vientos,
los dolorosos encuentros,
con la mañana afilada,
que a madrugada fatigada,
te obliga a despertar.
Tampoco cuentan los goles,
ni la experiencia en la cancha,
que de primera la toques,
sin infantil egoismo,
o que patees el corner
y vayas a cabecear.
Quitele protagonismo compadre,
a conocer cuanto burdel se menciona,
o ser en primera persona
la enciclopedia de la conquista,
aunque alguna te afano los zapatos
y asi aprendiste a afanar.
Escucheme cuando le digo,
y yo lo escuchare al hablar,
que solo es digna de rotular,
como vida de hombre aquella,
que sin meditar tropieza,
ante tal masculina señal.
Ese extraño deseo
que sin aviso adolece,
y convirtiese al niño en adulto,
que al pedir postre eligiese
romper la armonia vigilante,
cuando el fresco prevalece.